Siempre hablando con la verdad

Mayra Gabriel

Si algo me encanta, es siempre estar hablando con una y otra persona cuando camino por los mismos lugares por donde yo ando. Oír la voz de los cumpleañeros. Mi hijo dice que acompañarme al super o hacer mandados conmigo es de no acabar, porque siempre me encuentro a personas conocidas o amigos, a quienes me dan ganas de saludar y platicar. De seguro a usted le pasa algo parecido, ¿o no? Eso sí, esté con quien esté, mi versión siempre será la misma. Sin importar con quién hable, no voy a cambiar mi versión. Me valoro mucho como persona coherente que soy.

En el caminar de la vida, me ha pasado, y suena horrible lo que le voy a transmitir, pero igual, me ha tocado etiquetar a algunas personas que, dependiendo de a quién le hablan, dicen una u otra versión. ¿Y qué es eso?, pues la verdad, para mí, simplemente ya son personas no confiables y que el valor de su palabra no cuadra para nada con la mía. Cuestionar lo que me cuentan, y llegar a preguntarme ¿cuánto de esto es verdad o cuánto es mentira? Pero lo que sí me enseña es que a esas personas no les puedo tener ni confianza, ni se le puede contar algo, porque seguramente, al repetirlo, darán la versión que quieran. ¿Exagero o es así?

Escribo continuamente sobre experiencias de mi vida, y, al ser de mi vida, obvio, nadie me las puede discutir, pues son propias y conozco de primera mano, mi versión nadie me lo contó. Además, por ser una persona que me considero totalmente coherente de forma consciente, siempre sostengo lo que pienso, digo, siento y hago, es muy importante el valor de mi palabra y mi credibilidad, por eso me expongo diciendo “mi nombre es mi marca”.

El tiempo que ocupo para aprender, leer libros, oír los audiolibros como novelas (tipo Violeta de Isabel Allende) son vitales para mí. Me he organizado de tal forma que, al levantarme, mi meditación es vital, sin ella mi vida no funciona igual, estar en comunicación con Dios y ponerme a sus órdenes es, para mí, superimportante. Luego, el tiempo dedicado a mi cuerpo físico y a lo que viene del día a día, que lo tengo bien anotado en mi agenda, va fluyendo conforme lo planeado. La vida ya me ha enseñado a saber con quién sí y con quien no es importante compartir mi tiempo. Hay veces en las que toca oír a algunos, sabiendo de antemano cómo funcionan y para dónde van. Ni modo, la cosa es siempre tener límites y estar clara de hacia dónde quiero ir y hasta dónde quiero estar.

Estar con personas no creíbles, ¿para qué? Estar con personas que no suman, ¿para qué? Estar con personas doble cara o que no son transparentes ni coherentes, ¿para qué?, a estas últimas sí me dan muchas ganas de decirles sus verdades en su cara, pero es tan complicado a veces. La frescura de esas risas irónicas, de esa falsedad que les sale con brillo, wow, solo tengo clarísimo que quien la hace la paga, y solo el Universo se encargará de cada cosa. No le deseo el mal a nadie y mucho menos a sus futuras generaciones, pero todo está escrito. Lo que tengo muy claro es que el bien hay que hacerlo, y bendecir al que, con voces en silencio siendo superpolítico en su manera de hablar, tira a su prójimo esa energía negativa como si se sintiera ganador. Y yo, en mi adentro, solo digo: el coco siempre cae de sopapo cuando no lo cortan antes, así que, solo el tiempo sigue jugando a lo que falta o sobra por hacer.

Mi intención es inspirar la verdad. Inspirar ser auténtico. Inspirar que siempre debe tener, usted, su propia versión y sostenerla, no cambiarla dependiendo de con quién esté. De ser fiel a usted mismo. Viva, sea honesto. Como dice un amigo, si logro llegar a los cien años, para qué los voy a desperdiciar haciendo el mal y aprovecharme de alguien, porque eso también se paga y doble. Así que, amigo lector, sigamos aprendiendo y enseñando a siempre hablar con la verdad y con una misma versión de forma coherente y auténtica. -

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