Los pequeños detalles hacen las grandes diferencias

Estaba muy tranquila en la casa compartiendo con mi hijo, cuando sonó el timbre, luego me avisaron que me traían algo de parte de mi hermana. Yo seguía en pijama. ¡Oh, sorpresa!, venían dos detalles. Uno, de mi hermana; y otro, de parte de una amiga de la infancia, Carmen María. Estaba muy emocionada porque al día siguiente, el jueves 18 de febrero, sería el lanzamiento de mi primer libro “Jueves con Mayra”, y querían festejarme con ello.

Ellas, al igual que otras amigas, un poco más tarde también estuvieron presentes con otros pequeños detalles. La Monish me llevó unas flores y esas papalinas que me encantan; también mi compañera del colegio, Olguis, me compartió unos deliciosos chocolates que están haciendo sus hijos. Qué consentida me sentí. De seguro querían sentirse presentes y felicitarme con sus detalles, por lo que sucedería en las próximas horas. Por eso digo, los pequeños detalles, hacen las grandes diferencias y, cuando se dan y se reciben con amor, se siente, se agradece, se valora el detalle y, por supuesto, se llama para agradecer. Siempre hay que ser agradecido y expresarlo.

Hay veces que es con una simple llamada por teléfono, o como cuando se me ocurre hacer un video chistoso para alguien en su cumpleaños para felicitarle. Hay veces que siento o pienso en alguien y simplemente marco su número, y tengo como resultado, algunas veces, a alguien llorando o pasándola no muy bien. Con solo tener el tiempo de oírle, o que pueda llorar sin ser juzgado, ya siente alivio. Ese pequeño detalle de dar tiempo, hace una gran diferencia en el sentir de la persona que estoy oyendo. Insisto en que, cada uno de nuestros actos tiene un impacto en el entorno, y como decía y me inspira constantemente la Madre Teresa: “Sabemos muy bien que lo que estamos haciendo no es más que una gota en el océano. Pero si esa gota no estuviera allí, al océano le faltaría algo”.

Lo importante aquí, que he aprendido en el caminar de mi vida y al saber escuchar mi corazón, es a dar sin esperar nada a cambio. Es cierto, me he encontrado con muchas sorpresas de amor, y también de lo contrario. Pero eso no me importa, me enseña más a seguir dando, porque lo que más me interesa es dar, servir, acompañar, poder ayudar a abrir la consciencia a otros, ser ejemplo y ser congruente de lo importante de amarse a sí mismo y lograr expresarse libremente. Al fin y al cabo, la sabiduría no se traspasa, se aprende. Hay amigos que me conocen y saben qué sí y qué no me gusta. Saben lo alejada que soy de los doble cara, oportunistas o estrategas de guante blanco. Me encanta, por ejemplo, cuando alguien me manda de la nada, un video compartiendo un momento en familia, oyendo una de las canciones que me gustan. Un pequeño detalle, como quien dice, estamos pensando en ti. O esa tacita de café compartida para platicar y ponerse al día, así como la notita que dejamos con un “te quiero”. ¿Por qué nos cuesta tanto ser auténticos y expresarnos libremente?

Este año 2021, es un gran año de transición, de muchas oportunidades y de nuevos comienzos, de despertar, de desaprender lo que no nos ha dejado ser libres y auténticos. Como dicen: no podemos meter muebles nuevos, si no sacamos los viejos. Si siembro aguacates, seguro que la cosecha será de aguacates y no de mandarinas, o sea, lo que soy por dentro, seré por fuera. Quiero expresarme libremente, pero las estructuras de todos esos mensajes de infancia, ahora de adulta, ¿me dejan ser libre o sigo pensando y viviendo en función de los demás? ¿Ya elegí hacer mi propia estructura de vida? ¿Realmente siento ese amor propio por mí misma? Si me amo y me apruebo por dentro, como dice Louise Hay, sabré que ser auténtico es lo más importante. El sentimiento que quisiera dejarle hoy es: ¡Viva, sea feliz, ámese a sí mismo, sea auténtico! Demuestre lo que siente y no olvide que, los pequeños detalles, hacen las grandes diferencias.-

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