Hansruedi Peter Koller

¿Quién sabe por qué hoy amanecí pensando en un gran maestro de matemáticas y deportes que tuve en el Colegio Monte María en primaria? Su nombre es el título del escrito de hoy, Hansruedi Peter Koller, y celebro su cumpleaños este jueves 29 de julio. Hans nació en Guatemala en el año 1937, estudió en el Instituto América, en la Escuela Normal de Educación Física y en la Universidad de San Carlos, donde obtuvo el título de Profesor de Enseñanza Media en Ciencias Matemáticas en 1972; pero también consiguió los títulos para ser juez tanto de atletismo como de natación, y terminó titulándose como quiropráctico y masajista científico. Junto a su esposa Carlota, con quien se casó en 1957 y estuvo hasta el final de su historia, compartieron la felicidad de los cuatro hijos que procrearon.

Mis recuerdos de él son tantos, demasiados, diría yo, desde el amor por las matemáticas, porque vaya que me gustan los números, y sé que fue gracias a él por su entrega a su profesión y la forma tan sencilla y fácil para explicar, hacer que entendiera los números y enseñarme a jugar con ellos, y es por ello que tengo una gran habilidad numérica. No digamos todos esos momentos que tuve en el mundo de la natación, ballet acuático, clavados y las grandiosas e inolvidables aventuras que viví subiendo volcanes, guiada por él junto a muchas compañeras del Colegio Monte María.

El primer volcán que subí fue el Pacaya, y mi segundo fue el Volcán de Agua; luego subí muchos más junto a él, como mi profesor guía. La Federación de Andinismo organizaba la tercera ascensión escolar, que se realizó el 5 de marzo de 1967 y contaba con la participación de 725 alumnos de 22 establecimientos diferentes. El colegio estaba representado por 65 alumnas y ganó los 100 puntos como mejor colegio organizado, y yo me gané la medalla del Premio Hunahpú, por ser, en la rama femenina, la alumna de menor edad que coronaba los 3,752 metros de altura con apenas diez años.

Para mí, todos esos años al lado de Hans subiendo volcanes, quedaron grabados en mi mente y corazón por el amor que nos transmitía por esos paisajes tan bellos que tiene Guatemala, por el respeto a la naturaleza, oler tortilla de comal o frijolitos cocinados en leña es retroceder a esas aventuras del andinismo. Cuántos kilómetros recorrimos en bus o en su combi por esas carreteras donde parábamos sin miedo alguno y con la seguridad que había en la época. Y no digamos esos momentos donde se le ocurría sacar su guitarra y, junto a las fogatas que preparaba, cantábamos una serie de canciones que eran carcajada tras carcajada por cómo las cantábamos, como aquella que decía “nací con nalgas de acero...” o “anoche dormí en el suelo, dormí en el suelo, teniendo cama...”. ¡Qué momentos de tanto respeto y felicidad compartida!

Hans o Toffee, como le llamábamos cariñosamente, empezó a trabajar en el colegio en 1957, un año después de que yo naciera, y su último año, igual que el mío, fue en 1970. Durante ese montón de años en el Monte María, Hans logró 63 campeonatos consecutivos de natación entre 1960 y 1970. El Colegio Americano, junto a Coco Bolaños, eran nuestra mayor rivalidad en la rama femenina de natación. Tanto Hans como Coco fueron muy respetuosos con sus alumnos y amigos fuera de las competencias. Hans fue un gran líder en la rama deportiva, defendía el buen y honesto deporte para Guatemala sin buscar ningún tipo de protagonismo, fue un profesor disciplinado y ordenado que deseaba competencias limpias, y eso era lo que nos transmitía. Nuestro equipo era lo máximo, todas muy unidas y sin envidia alguna. Yo me gané mi primera medalla de plata en 1962, me entrenó y vio mi habilidad en el estilo mariposa y dorso. Una vez, en un campeonato escolar, donde yo había ganado varias competencias y estaba feliz, se me acercó y me dijo “ganaste porque la mejor no vino”. No sé quién era esa mejor en mi categoría, pero lo que sí sé, es que ese comentario que me hizo me marcó para siempre, para entrenar más y saber que en el deporte y en la vida, el que más tiempo dedique a consciencia a lo que haga y tenga más aguante será quien llegue más lejos. Su mensaje me sirvió para mejorar en mis tiempos y en mi actitud de vida.

Me acuerdo tanto, cuando en las escaleras fuera de la piscina tomaba asistencia, fue allí donde aprendí a escribir la palabra excusa con “x y “c”, me encantaba ver cómo, con la linda letra que tenía, escribía esa palabra y también aprendí su significado. Hans era un personaje muy educado, respetuoso, exigente, disciplinado, y que al mismo tiempo se ganaba el cariño y confianza de todas sus alumnas y sus papás. En cada competencia, tanto a nivel nacional como internacional, siempre estaba al lado de uno para apoyar, para animar, para estar presente donde se le necesitaba. No tengo en mente ningún regaño, ninguna falta de respeto, ninguna nada que manchara su nombre, siempre demostró ser un gran caballero.

El tiempo pasó y nuestras vidas tomaron caminos diferentes, luego de que tanto él como mi hermana y yo dejáramos el colegio en 1970. Él siguió dando sus clases de matemáticas en otros colegios, y en la piscina de las muchachas guías seguía dándonos clases de natación a algunas de sus alumnas y competíamos con el club que llevó su nombre.

Varias veces, ya de adultas, con la vida que cada quien había elegido tener, cuando nos juntábamos con Hans, nadie que sabía de la reunión, quería faltar. Cuando alguien sabía que lo veríamos y no se le había podido contactar, siempre nos pedían que, en futuras oportunidades, las invitáramos porque no se querían perder estar junto a él. Con Sandra Castillo y otras compañeras, organizamos en varias oportunidades esas juntas. Nuestra última reunión con él fue en marzo del 2013, contactamos a todas las que pudimos encontrar y que habían sido parte del deporte del colegio. Allí, otra nadadora que él formó, Claudia Verónica Estrada, le entregó una medalla que ella había ganado en nado de aguas abiertas y le dijo que, gracias a él, ella era amante del agua y que quería agradecerle ese gran regalo de vida, entregándole su medalla.

Ese día tuvimos muchas emociones juntas, cantamos aquellas canciones de nuestras idas a los volcanes, todavía con aquel vozarrón que tenía, recordamos infinidad de anécdotas, teníamos muchas fotos del recuerdo para enseñar, lloramos y reímos, nos lo gozamos, y él se sintió muy querido y agradecido por tanto cariño expresado hacia él, se la disfrutó. Honor a quien honor merece, y hoy jueves 29 de julio, le mando un abrazo al cielo a mi gran maestro de vida, Hansruedi Peter Koller, quien partió al infinito el 27 de noviembre de ese mismo 2013. Hans fue un gran líder para mí en pro de la salud, transmitía el amor a la vida y a la naturaleza, y tuve el gran regalo de conocer todo eso por medio de él. ¡Gracias por siempre, Toffee, gracias de corazón!

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