El que sabe esperar, triunfa

Mayra Gabriel



Una de las frases que más me repito, por impaciente que soy, en algunos casos, es lo que dice el Salmo 40, 1-2: “Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos”.

Pacientemente esperé, para procesar las etapas del duelo de diferentes experiencias que me han tocado vivir en esta aventura de mi vida. Pacientemente esperé para ser mamá, en el transcurso de varias pérdidas en embarazo. Pacientemente esperé que me tocara mi turno y poder cancelar un servicio en una empresa de teléfonos. Pacientemente esperé para pagar la cola del peaje. Pacientemente espero, con actitud y pensamientos positivos, que, cada experiencia de mi vida la pueda resolver y atender con paciencia y tranquilidad. Todo depende, entonces, de mi actitud y mis pensamientos, para seguir adelante con alegría o con enojo. El resultado de todo, para mí, siempre dependerá de mí.

Hoy, oyendo una entrevista de Marian Rojas, sobre su nuevo libro “Encuentra tu persona vitamina”, que me compartió una amiga, que, por cierto, es una de mis personas vitamina en mi vida, me quedé picada y seguí oyendo más charlas sobre su conocimiento y experiencia. Buscando e investigando más, encontré al papá, el psiquiatra español Enrique Rojas, que muy claro dice: “El que no sabe lo que quiere no puede ser feliz”. Tanto papá e hija, son buenísimos expositores sobre las diferentes reflexiones que han hecho sobre el compartamiento del ser humano. No se pierda aprender de ellos, dan muchísima información muy positiva de la vida real y actual.

¿Cómo se sentiría, usted, cuando su ser querido está por hacer su transición pero, pacientemente, hay que esperar para que sea su momento perfecto de partir? Cada uno, cuando nacemos, lo único seguro que tenemos es que la muerte está a la vuelta de la esquina y estamos de un hilito de podernos ir. ¿Cierto o no? Pues bien, como dice Gaby Pérez Islas, “que la muerte nos encuentre vivos”, que tengamos la paciencia y el amor para ayudar a irse a esa persona amada a la que se le acerca su momento. Nada fácil, sí le digo. Pero cuando se acepta cómo funciona la transición del cuerpo y el alma, es un gran regalo poder acompañar y asistir al que nos da el regalo, ya sea la persona que está por partir, como a la familia de la misma. Es un gran privilegio y un gran gozo poder estar amorosamente, con ambas partes.

Pacientemente espero, es la clave para ir acomodando sentimientos y confusiones, tanto de familia como entre amigos o compañeros de trabajo. Tengamos o no tengamos la razón, siempre hay dos versiones. Siempre he sido de la opinión que, cuando alguien quiere hablar conmigo por alguna diferencia, siempre tener la puerta abierta para resolver o aclarar. Cada quien sabe, lo que ha hecho o dicho. En mi caso, la coherencia de lo que pienso, digo, siento y hago, siempre y me puedo dar el lujo de decir siempre, me ha acompañado en mi diario vivir. Nada de qué avergonzarme, ni mucho menos de humillar o traicionar a alguien cercano o lejano a mí. Eso sí, esto me ha ayudado a entender a quien quiero o no quiero cerca de mí.

Llegar a definir esto, también es otro regalo en mi vida, pues, vivo mi día a día, a mi manera y con mis principios y valores, que me han definido como la persona que se ama y se aprueba, sin esperar nada de nadie, y usted, ¿se ama y se aprueba?, ¿es coherente y vive en función de alguien más o en función solamente suya, haciendo lo que realmente quiere hacer? Nunca pero nunca, hay que dejar de amarse y ser uno mismo, pues, es necesario, vivir en libertad, porque solo así, saldrá el propio “YO SOY”.-


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