Yo creo en la donación de órganos, y mi familia ya lo sabe

Cuando mi hijo Giancarlo murió, en diciembre de 1993 en Miami, a causa de una muerte cerebral, tuvo la suerte y gran oportunidad de poder donar su hígado y su baso, los cuales han permitido vivir a una niñita -Angel- que crece productivamente en San Francisco.

De igual forma, sus riñones fueron utilizados para estudio y sus córneas a alguien le estarán sirviendo.

Otra madre, cuya hija murió en Guatemala también por muerte cerebral, no tuvo la misma suerte que yo. Quiso donar los órganos para que alguien pudiera vivir más, y su deseo fue en vano. Nadie sabía qué, ni cómo hacer algo sobre este tema.

Por esta necesidad urgente de ayudar a otros seres humanos y de tomar conciencia de lo importante que es compartir esa decisión -de donación de órganos- con las personas cercanas, es que quiero conocer y contactar a quienes han pasado por esta experiencia.

Ya sea que hayan donado órganos, que necesitaron un trasplante y no tuvieron suerte, o aquellos a quienes Dios sí les dio la oportunidad de recibir de otros, para contar su historia y, ahora, poder ayudar a compartir su experiencia.

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