Ser y hacer antes de tener

Cuando el tiempo está pasando, porque no se detiene, y el día a día que estoy viviendo no lo tengo claro para hacer lo que me propongo, voy dejando atrás mis ideas, mis ilusiones y, sobre todo, el deseo de ver, de compartir, de abrazar, de terminar algún proyecto o de platicar cara a cara con quien me gusta y elijo.


Este tiempo, de quedarnos en casa, está siendo para muchos una gran prueba de si así se elige, de adentrarse y conocerse más como ser humano, o simplemente pasar las horas sin aprender de la gran lección que el Universo nos está permitiendo conocer y darle su prioridad a ese SER, que llevamos dentro.


La lección de sentir a ese SER interior y a quien le debemos nuestra esencia divina para alimentarla con gozo, con amor y sobre todo con paz. Cuando ese amor por uno mismo es nuestra prioridad, nuestro camino toma otra forma. Saber que me amo a mí misma, que amo lo que hago y hago lo que amo, hará que la competencia sea solo conmigo y no con o por nadie más. Mi manera de SER se llenará y viviré con ilusiones, humildad y gratitud.

Debo sentirme YO con plenitud, con las altas y bajas que la vida pueda ofrecerme, porque vaya que no todo es color de rosa. Así como existe la división del trabajo, así mismo existen tipos de personas en donde no se logra la comunicación y el entendimiento en la misma frecuencia. También hay veces que nos encontramos con seres humanos que son dañinos o tóxicos para nuestro SER, y debemos aprender a aceptarlos para no caer en su jueguito o, si podemos elegir, simplemente dejarlos fuera de nuestro listado de cercanos, porque, al fin y al cabo, la vida se trata de disfrutar y no de sufrir. Como decía la Madre Teresa de Calcuta: “Acepta el desprecio, ser olvidado y desatendido”.

Cuando mi prioridad es mi SER, es mucho más fácil lograr soñar y poder llegar a HACER todo aquello que con ilusión me proponga. Si caigo o no lo logro, sé que tengo que volver a levantarme y probar de nuevo. Entre más me caiga, o mientras más pruebas de vida tenga, más aprenderé, si así lo elijo, y más entendimiento y sabiduría tendré para cumplir mis objetivos.

Tengo clarísimo este sentir, y me siento muy agradecida por haber tenido tan de cerca el ejemplo con la forma en que mi papá veía la vida, su prioridad nunca fue el TENER. Su grandiosa forma sencilla y humilde de SER, lo llevó a cumplir sus sueños. Un hombre muy visionario que supo HACER, pero que nunca le dio la prioridad al TENER. Qué gran filosofía de vida tuvo, y tengo el privilegio de decir que así funciono yo también.

Hace unos días estaba oyendo una entrevista del maestro espiritual colombiano Jaime Jaramillo (Papá Jaime), quien obtuvo el Premio Mundial de la Paz junto a la Madre Teresa en 1991. Me encontré con un ser realmente excepcional, para aprender de él, de su vida, de sus experiencias y de la manera como supo levantarse y ver la existencia de una manera diferente, libre como el viento y sintiendo una paz indescriptible, como él dice.

Cuenta que después del accidente que tuvo mientras volaba en parapente, y luego de la larga recuperación por todo el daño físico sufrido, además de varias pequeñas catástrofes inesperadas, se comenzó a moldear su ego. Es tremendo el ego de quien vive en el TENER. La gran capacidad de SER, de Papá Jaime, hizo que no se quedara en la opción de sufrir, sino todo lo contrario, aprovechó esa experiencia para unir su energía con todo el conocimiento y herramientas que tenía para levantarse y salir adelante.

Hoy sigo agradeciendo todos esos para qué me han pasado cosas en la vida, pues sé que algo debo aprender. Si caigo, me levanto. Si me excluyen, agradezco lo que viví donde ya dejé de aprender. Si me rechazan, comprendo que no debo tener ese tipo de personas a mi lado. Si alguien que amo no puede estar conmigo, dejo libres esas alas para que sea feliz dondequiera.

Me amo y me apruebo, pero, sobre todo, tomo consciencia para gritarle al mundo que hay que SER y HACER antes de TENER. Esto es lo que he aprendido y aplico en mi vida. Como siempre expreso, yo soy hoy, gracias a las huellas que he ido dejando atrás. Doy gracias a la guía, a la confianza y a la bendición de estar tan cerca de Dios.


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