Lo importante es compartir

Hace unos días estaba compartiendo y cenando con mi hijo, como siempre lo hacemos a la hora de las comidas, cuando aprovechamos a platicar y comentar cosas del día o de lo que se nos ocurra; le expresé que me sentía contenta. Ese día había recibido la llamada de varias personas, a algunas de ellas llevaba tiempo de no hablarles, y me preguntaban cómo me sentía. Tuve un sentimiento extraño pero lindo por lo que me transmitieron, también me puse muy contenta porque me sentí querida.



Días después venía a mi casa, como le llamo yo, mi casa de la montaña, y se me ocurrió llamar e invitar a almorzar a una de esas personas, una amiga de años. Le dije que me encantaría que fuera a comer conmigo y me preguntó si podía llevar a su perrito, y por supuesto le dije que sí. Al rato, me llamó para decirme que, si no había problema en llevar a su sobrina, y le contesté lo mismo, que era bienvenida también.

Fue una tarde muy interesante, en la que compartimos mucho, sobre todo, sentimos la sensibilidad de la vida. Han sido tan importantes para mí esos momentos, para poder compartir lo que el Universo me ha prestado. Siempre digo y reconozco que algunos tienen tiempo para acompañar, otros tienen oídos para oír, otros tienen esa capacidad sensible y acertada de poder decir, con honestidad y profesionalismo, lo que hay que decir para calmar los pensamientos; otros tienen un nivel económico que les permite dar, y otros tienen la capacidad para hacer reír a su prójimo.


Pero al final de lo que se trata, es de aprender que lo importante es compartir y ponerse al servicio de los demás. Hoy leí un mensaje muy lindo en Instagram: “Si haces un favor, nunca lo recuerdes; si lo recibes, nunca lo olvides”.

En 1997, cuando conocí a mi hijo adoptivo, una de las cosas que leí y aprendí en su adopción, fue lo importante que era que él supiera y entendiera el concepto de compartir. Hubo un ser que valoró la vida del bebé que llevaba en su vientre, que cuidó, alimentó y compartió a su bebé conmigo al nacer. Ese era el mensaje que debía transmitirle a mi hijo desde sus dos añitos hasta los cinco, para que realmente comprendiera el concepto de compartir.

Estos días de aprendizaje, debido a la pandemia, porque vaya que nos ha tocado aprender, vivir y sentir la vida totalmente de otra forma, me han permitido darles un vuelco a mis actividades. Insistir en hablar y no solo en mandar o leer mensajitos. Algunas veces, por el horario de los demás, no logro conectarme como quisiera, talvez por no interrumpir. Pero tengo claro que debemos comunicarnos hablando y oyendo, pero sobre todo sintiendo.

Una amiga de la infancia me mandó una foto donde aparece ella conmigo y otra amiga del colegio. Me pidió favor que se la enviara y, como no la tenía entre mis contactos pero sí en Messenger, se la mandé por ese medio y aproveché para pedirle su número de teléfono. Sé que vive fuera de Guatemala. Muy rápido me contestó y, en menos de diez minutos, con la tecnología mágica que se vive a todo lo que da, estábamos hablando las tres por WhatsApp. Es increíble el cariño que se tiene con las amigas del colegio, de la infancia y de la juventud.

Es como si el tiempo no pasara, a pesar de que no se detiene, pero conforme va transcurriendo la vida, vamos acumulando vivencias, experiencias y sentimientos que son importantes para aprender a recibir y a dar; para aprender a comunicarnos de una manera más directa, sin miedos y sintiendo esa emoción de la amistad, del amor y la honestidad, congruentes con nuestras palabras y hechos de la vida.

Como dice el filósofo sevillano David Pastor Vico: “Con esta confinación, nos hemos redescubierto entre nosotros y ahora nos hemos encontrado para reextrañar el tejido social que ha estado tan vulnerable y volvernos más solidarios”. Sigamos así, sabiendo que lo importante es compartir, porque el ser humano necesita de los demás seres humanos para sentir.

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