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La vida se convierte en una constante nueva historia

Como escribe uno de mis escritores favoritos, Robin Sharma: “Cada vez que dices sí a algo que no tiene importancia, estás diciendo no a algo que sí la tiene. Di no a los compromisos sociales que consumen el tiempo que dedicas a tu vida. Conoce tus prioridades. Conoce tus objetivos”.

Sé que cada desafío que la vida nos presenta sirve, de una manera directa o indirecta, para conocer lo mejor de nuestro lado y ser más claros en nuestro ser, o simplemente dejar que pasen los eventos y las experiencias en nuestra vida sin realmente hacer una diferencia que deje esa huella, buena o no muy buena, según vivamos con los que nos siguen y acompañan en esta aventura llamada vida.


Desde pequeña aprendí lo importante que es honrar a la familia, a los ancestros, su historia y sus legados. Aunque en aquel entonces no lo valoraba como lo hice desde finales de los años noventa hasta la fecha, que me empecé a interesar más a fondo, con gran inquietud, por saber más y más sobre ellos.

He venido investigando y recabando documentos, confirmando fechas, buscando fotos, haciendo grabaciones a familiares y amigos; he hecho visitas a los cementerios, iglesias, a la Hemeroteca Nacional, además de haber tenido la oportunidad de estar en la ciudad de origen de mis tatarabuelos, y conocer acerca de mi apellido paterno, Gabriel, entre otros hallazgos.

Preguntar y buscar es solo una parte de la aventura de este viaje terrenal. El verdadero viaje es lo que podemos aprender y crecer con lo nuevo, con todo aquello que logramos ver, sentir o saborear de quienes nos acompañaron en esta aventura, y tomar nota de sus realidades, de sus sueños, de sus diferencias y semejanzas. Aprender, caer y saber levantarse; y, sobre todo, dejar una buena huella con esos principios y valores que un día recibimos de nuestros padres, abuelos y ancestros.

Ese es nuestro legado, el que realmente hará una diferencia en las futuras generaciones, eso sí, sin olvidar que cada quien nace con una esencia y que esa esencia nunca cambia ni se pierde. Hay personas que ya son recuerdo de nuestro pasado, pero y ¿a nuestros hijos, nietos y demás descendientes les interesará conocer esas historias?

Viendo la serie española Vientos de Agua, en Netflix, del director Juan José Campanella, me llamó la atención en el último capítulo, esas líneas de la conversación entre el padre y su hijo hablando sobre las historias de la vida del papá en su pueblo de origen, Asturias, España.


- ¿Por qué no me cuentas, papá? ¿No me vas a contar?, dijo el hijo.

- No hay nada que contar. Terminá con eso. Aquí solo tengo recuerdos, agregó el papá.

- ¿Qué recuerdos?, preguntó el hijo al padre.

- Son míos, respondió el papá.

- No son tuyos, son nuestros. ¿Te los querés llevar con vos a la tumba? Es que no tengo historia, papá. Tus nietos no tienen historia. Pensá en ellos, aunque sea en algo. ¿Qué sabemos?... nada. Si te llevás los recuerdos con vos, se mueren para siempre, dijo el hijo dirigiéndose al padre.

- Mejor así…, dijo el papá.

Luego el padre se le quedó viendo, a su hijo y, después de reflexionar, le dijo: Ven, hijo, quiero contarte una historia que nunca te conté.

Me encantó esa parte, porque quisiera dejar la inquietud de lo importante que es transmitir la historia familiar de generación en generación. Como dice la definición de la genealogía: "Es una disciplina que estudia la familia de una persona o un grupo de personas". Familia que va más allá de la sangre, personas que nos acompañan a lo largo de la vida. La familia política, la familia adoptiva, la familia elegida, muchas personas que nos acompañan a lo largo de nuestra vida. No solo es investigar la familia viva ni a los antepasados y a nuestros ancestros, si no reinterpretar la información que obtenemos para llegar a conocernos mejor.

Alguna vez se ha cuestionado ¿qué tanto sabe de sus ancestros?, ¿qué sabe de los orígenes de su familia?, ¿cómo era ganarse la vida antes?, ¿cómo era el respeto y la relación entre padres e hijos o entre la familia?, ¿qué historia le está dejando a sus descendientes? Porque es así, la vida se convierte en una constante nueva historia, y al hablarla y compartirla no perdemos la información de nuestra historia familiar.
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