Gracias Claudia por dejarte consentir

A mediados de octubre, Lilita, mi prima de lado paterno, me contó que regresabas a Guatemala después de vivir fuera 20 años.


Tu retorno era para pasar tus últimos días al lado de los tuyos, antes de partir a tu regreso celestial. Dios te premió hoy (4 de diciembre). Te llamó a su lado como a Giancarlo, hoy hace nueve años. Juntos, ustedes, ya tienen una fecha en común.


Cuando a finales de octubre empecé a visitarte, nuestras pláticas estaban acompañadas de risas y lágrimas. Tu mamá te dio tanto amor y cuidó con dulzura, te dio todo lo humanamente posible para que te sintieras bien. Tú le correspondiste con miradas y expresiones de amor.


Te pedí que le entregaras tu vida y enfermedad a DIOS para que Él hiciera su voluntad sobre ti.

Me alegró tanto cuando me dijiste el jueves que ya lo habías hecho. Tu expresión era otra. Tus miedos y nervios se habían convertido ya en paz y tranquilidad. Ya hoy, sos recuerdo lleno de nostalgia.


Gracias, Claudia, por dejarte consentir y darme la oportunidad de amarte y servirte.





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