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Giancarlo, dio vida en sus últimas horas de vida


Cuando un hijo deseado nace, llena de mucha felicidad a los papás que, con tanto amor, querían conocerlo. El día que mi hijo Giancarlo nació, la felicidad y amor que me envolvió fue incomparable. Su nacimiento fue una experiencia que me implicó estar 31 días hospitalizada. La ilusión de verlo crecer era más grande cada día, deseaba ver sus progresos en todo sentido. Cuando entró al colegio, estaba orgullosa de él. No sé por qué, pero sentía que su alma era muy elevada para su edad. Qué lejos estaba de saber que su tiempo a nivel terrenal había sido marcado para darme una gran enseñanza. El segundo que marcó su vida, fue el momento donde cayó de una silla con rodos. Su cuerpo tocó el suelo y recibió un golpe mortal en la sien izquierda. Pasaron unas horas en donde su vida iba, sin saberlo, llegando a su fin. Cuatro horas después del golpe convulsionó sobre mi pecho, y al llegar al hospital después de una gran odisea, de no saber a dónde y cómo llegar, le empezaron a hacer varios exámenes; finalmente, le declararon muerte cerebral. El apoyo de mi familia y amigos fue importantísimo para mí en esos momentos. Fue un tiempo que, por lo que había vivido las últimas horas a su lado en el hospital, sabía que la mejor alternativa por su diagnóstico, era donar sus órganos. Una decisión que tomé de manera espontánea, auténtica y sin previa información al respecto. Gracias a eso, Giancarlo pudo dar vida en sus últimas horas a una niñita que necesitaba un trasplante de hígado. Sus riñones, páncreas y corneas también fueron utilizadas. Varios años han pasado desde esa experiencia en diciembre de 1993, y hoy puedo decir, sin dolor, que me siento muy orgullosa de haber tomado la decisión correcta de donar sus órganos. Esta experiencia me está permitiendo poder compartir mi testimonio para ayudar a crear la cultura de donación de órganos en Guatemala. Sé que Dios, en su Plan Divino, tiene para mí lo que necesitaba enseñarme, el significado de perder un hijo y tener la generosidad de donar sus órganos para darle vida a alguien más. Aprender a procesar un duelo y muchos otros sentimientos, me ha servido para dar y servir a mi prójimo. Valorar, sobre todo, el apoyo y amor que mi familia y amigos cercanos me han dado. Entender que esas oportunidades de aprendizaje, que para muchos son tragedias, para mí han sido de mucho crecimiento espiritual para mi alma. Estoy segura de que todas estas oportunidades de crecimiento, que el Universo me ha permitido vivir, han sido para sentir mi FE y confianza en el Propósito Divino. Sé que cada una de mis experiencias vividas, ha sido para bien, para crecer, para apoyar en el mañana a quien pueda estar pasando por lo que yo ya pasé, y tuve el valor de aprender cómo salir de ese dolor. Hoy me siento superprivilegiada de saber que Dios me prepara, me poda y me usa, porque bien dicen que, el dolor de hoy es la experiencia del mañana.

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