Cuando pienso y retrocedo el tiempo

Cuando pienso y retrocedo el tiempo para recordar cosas y experiencias de mi vida, me doy cuenta de que he hecho mucho, he iniciado muchas cosas, realizado y organizado grupos para hacer algo bueno por mi prójimo y por Guatemala.

He tenido información adelantada para compartir y ayudar a muchas personas; desde pequeña me ha gustado aprender. De hecho, a partir de los quince años, yo me pagaba mis viajes con los ahorros que tenía, no todos, por supuesto.


Pero también acepto que he sido una persona que eligió ser y hacer por simple amor, no para ser reconocida o buscar un premio, como dicen, atrás de las cámaras.


En las diferentes fundaciones o asociaciones que fundé con otras personas (Hospicio Marco Antonio, Crisálida, Donaré, etc.), las empecé y trabajé para ellas, pero luego elegí dejar a los nuevos para darle seguimiento. También para mí, siempre ha sido muy importante que las cuentas estén cabales, como dicen, y hay veces que es mejor dejar ilusiones a un lado, pues las costumbres de otras personas puede que no sean compatibles con uno. Mi nombre es mi marca y lo cuido mucho siempre.

En la época del colegio, mi mamá nos inculcó mucho el deporte, y yo era feliz haciéndolo. En natación era muy buena, aunque tampoco la mejor. Mi gran maestro, Hansruedi Peter, siempre nos decía: “Ganaron porque la mejor no compitió”. Este mensaje siempre se me quedó grabado y hacía que entrenara más. Mis primeras medallas las gané cuando tenía seis años, en 1962. En ballet acuático, éramos las del equipo del Colegio Monte María, igual que en los clavados. No digamos en la parte de subir volcanes, desde los diez años empecé a hacerlo, y allí sí que gocé en todo sentido. Me gané la medalla del Premio Hunahpú, en 1967, por ser la mujer más pequeña (tenía diez años) que subía el Volcán de Agua, en el concurso que organizaba, entre varios colegios, don Walter Peter. En el soft, nunca sobresalí realmente como jugadora, pero me encantaba jugar, aunque me decían mis compañeras de equipo que corría como si tuviera un piano encima. No me iba como seleccionada en los viajes, pero me encantaba acompañarlas, e iba como fotógrafa por mi cuenta.

Hubo una época en la que escribía, me expresaba libremente y publicaba mis escritos sobre experiencias y sus aprendizajes en mi vida. Empecé a ser pública en este tema, en agosto de 1994, con un escrito que titulé “Saber Levantarse” y que luego fuera editado y publicado en PubliNews el pasado 2020/07/14. A algunas personas les gusta mi manera de expresarme, dicen que escribo como si estuviera hablando y contando algo. Cuando escribo, siento como si alguien me dictara lo que debo escribir, aunque de repente dejé de sentir eso. De plano estaba distraída, estaba dormida sin vivir el presente. Me ha gustado siempre expresarme y desahogarme, escribiendo. No estoy especializada en eso, simplemente plasmo en papel, ahora ya más directamente en la compu, lo que estoy sintiendo. Quiero creer que al escribir, siento que, comparto y enseño lo que he aprendido.

Hubo una época en que leí mucho, y sé que crecí muchísimo. Hablaba muy diferente al resto porque la vida me estaba permitiendo aprender de una u otra forma, esto me hacía tener un poco más de conocimiento, sobre todo “de la muerte, de las etapas del duelo”, tema que me sigue fascinando y continúo aprendiendo como puedo del mismo.

Podía hablar con propiedad, tenía la experiencia y el conocimiento en carne propia sobre el tema; también aprendí que un duelo de alguien vivo, que ya no está con uno, es mucho más doloroso que pasar el duelo de alguien que ya trascendió y partió de regreso a la Casa Celestial.


Cuando recibía talleres de autoayuda, siempre sentía cómo las demás personas asistían para crecer, así como yo sentía que estaba creciendo, y procesaba sentimientos que estaban por allí guardados y debían salir, poder identificarlos y sacarlos de mí, o aprender de ellos. Tuve el gran honor de tener grandes maestros como Elisabeth Kübler Ross, Dawn Bramadat, Keith Willcock, Louise Hay, Robin Sharma, Anita Moorjani y otros que me han guiado de una linda manera. También tomé los cursos del coach Stormy Reynoso, por ejemplo, recibí mis dos talleres con él en Costa Rica (Discovery y Poder Total). Cuando empezó a hacerlos en Guatemala, daba mucha compañía, estaba presente apoyando y en varios talleres fui parte del staff de apoyo, iba y venía por otros, no me gustaba resaltar.


En la fotografía he sido buena, según yo, siento que sé cuándo es el buen momento para hacer el click en la cámara. La verdad, nunca he recibido ningún curso de fotografía, simplemente me gusta ver plasmado el momento que siento y capto.


He sido buena en lo que hago por elección, tal vez no superespecialista, pero ahora estoy en una etapa de mi vida (abril 2018), en donde no logro despertar y ver realmente para dónde voy. Las circunstancias del momento no son las mejores para mí. Estoy viviendo un nuevo duelo y ahora sobre mi vida profesional. Una jubilación inesperada. Estoy haciendo cosas, sí, poniéndole coco a muchas cosas que están en desorden, temas de papeles, sobre todo. Hay muchas cosas en mi cabeza por resolver. ¡Qué cansado!, veo a mi alrededor y hay tanto, que así es mi vida, por todos lados hay mucho y no logro realmente limpiar. Ya me cansé de estar como dormida, como en piloto automático. Además, sin un apoyo tan comprometido para sacar y resolver todo más rápido y haciéndolo bien. Tengo planes, sí. Tengo una que otra ilusión, sí, pero ellas son para otra vez, otras personas, no me siento al 100. No tengo esa chispa y alegría que siempre me caracterizó.


¿Dónde está esa Mayra amiguera y cariñosa que andaba en todo? Estoy dormida, ya no quiero estar así. ¡Quiero vivir, quiero DAR, quiero SERVIR, quiero VIVIR!, pero ¿qué me detiene? ¿Será que tengo miedo a algo? ¿Será que el querer seguir pegada a mi hijo me frena?

No quiero perderlo, pero sé que también lo que ya le inculqué, ya estuvo, cualquier aprendizaje nuevo será ganancia, y si no aplica lo que le enseñé, pues ya será su propio camino. ¿Será que creo ser alguien que realmente no soy y simplemente soy una soñadora que cree ser lo que no es? Yo tengo que decidirme, tengo que elegir cuidar mi cuerpo, ser feliz, sentirme libre y brillar para mí sin separarme nunca jamás de mi Señor Jesús, y darle siempre toda la honra a Él, solo a Él.

Adelante, Mayra, es de enfocarte, porque recordate que: “Donde está tu foco, está tu energía” como dice Stormy. Sos muy buena en lo que hacés, cuando lo hacés. En relación a mi cuerpo, a tomar mucha agua, a hacer ejercicio, a caminar y cumplir mi meta. Sueños, ilusiones por vivir, porque como siempre has dicho: “Quien tiene ilusiones, tiene vida”, hay que demostrarlo y vivirlo. ¿Qué querés? ¿Hacia dónde querés ir? ¿A quién querés cerca? ¿En qué querés sentirte feliz? Ordená, poco a poco, pero limpiá tu casa, tu escritorio, tu carro, porque limpiando eso, limpiarás tu vida.


Escribir, claro, por qué no, si siempre te ha encantado; ¿de qué tema?, de lo que se ocurra, lo que te salga, un monólogo, por ejemplo, sobre un tema que a los demás les deje algo, tu estilo propio. Pero hacelo, despertá y empezá, porque, al fin y al cabo, como dice Gaby Pérez Islas, tanatóloga mexicana, “lo que pasó, ya pasó”, y hay que seguir para adelante.

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