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Despegó a toda velocidad

Mi papá, como todo un gran campeón, un gran ejemplo de ser humano que vivió con su ley, hoy, en la madrugada del 16 de septiembre a la 1:58 a.m. despegó a toda velocidad como a él le gustaba despegar cuando volaba.



Esa última noche de él, me quedé durmiendo en el cuarto del hospital. Dormida sentí, soñé o vi como una gran ventana, que eran las ventanas que había en casa de mi abuelita paterna, se movían de izquierda a derecha. Me desperté y me dije: ¡es el momento!, y me levanté para ayudar a mi papá en su transición. En mis brazos fui sintiendo cómo su respiración poco a poco fue cesando, hasta quedar totalmente dormido para siempre.

Mis palabras de amor para él eran todo el tiempo, pero, en esos minutos en particular, lo que quería era que su alma sintiera que le daba permiso para irse y que no estaba solo.

El momento de su graduación, en esta vida terrenal, que tuvo con honores y como un ser humano excepcional, estaba por terminar. Yo me sentía muy agradecida por tanto que aprendí y por todo lo compartido en nuestras vidas como papá e hija. Poco a poco fue bajando su respiración y espaciándose cada vez más, hasta que me di cuenta de que ya había dejado de respirar.

Hizo su última respiración como un gran despegue y voló de regreso a la Casa de Dios. Despegó dándome el gran regalo de poder tenerlo abrazado en su último aliento.

Gracias, papi, por haberme dado la vida, por enseñarme lo que es el respeto, la honestidad, la puntualidad, el amor incondicional, tanto, tantos principios y valores, que me deja y nos deja. Usted es una inspiración de lo que significa soñar y cumplir su palabra, tanto para mí como para muchos que lo conocieron.

Sé que no se fue solo, porque estoy segura de que Giancarlo, Nelson, sus papás, sus hermanos y tantos amigos que se le habían adelantado, vinieron por usted y estarán celebrándole su llegada.

Hoy me siento satisfecha como hija, y puedo decir: ¡¡Misión cumplida con usted!! Hasta pronto, papi, sé que me seguirá guiando desde donde esté, y brillará sobre mí la estrella de Belén, que siempre fue su símbolo.

¡Gracias, gracias, gracias, y hasta algún día!


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